Es posible que en medio de tanta sinvergonzonería, falta de respeto por la vida, corrupciones por doquier y demás sinsentidos, caigamos en el pesimismo y la desesperanza. Hoy en la fiesta del Espíritu, en Pentecostés, se nos recuerda que Dios sigue estando presente en nuestra sociedad, en nuestro mundo. Sigue soplando y alentando por medio de cada hombre y mujer de Dios, que hacen posible que “cada uno oigamos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua”. El Espíritu de la verdad inunda el mundo en cada gesto de amor sincero y desinteresado, en tu propia realidad acogida..
Miguel.
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