skip to main |
skip to sidebar
No se da en muchas ocasiones, pero se da que algún amigo agnóstico o ateo, te declara su admiración por tu fe y felicidad consecuente: “me encantaría poder creer, tener tu fe, pero tu Dios no me lo concedió”. En ese momento te sientes fatal, casi culpable, no comprendes por qué tal “privilegio”: “¿Qué ha sucedido, Señor, para que te reveles a nosotros y no al mundo?” preguntas como Judas. Sigues sin comprender y escuchas: “quien me ama, guarda mi palabra, mi Padre le ama… y moraremos en él”. Respondes a tu amigo: “ama y trata de escuchar su palabra”..
Miguel.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada