Lunes 11, Jn 14, 21-26 -Me encantaría tener fe-

No se da en muchas ocasiones, pero se da que algún amigo agnóstico o ateo, te declara su admiración por tu fe y felicidad consecuente: me encantaría poder creer, tener tu fe, pero tu Dios no me lo concedió”. En ese momento te sientes fatal, casi culpable, no comprendes por qué tal “privilegio”: “¿Qué ha sucedido, Señor, para que te reveles a nosotros y no al mundo?” preguntas como Judas. Sigues sin comprender y escuchas: “quien me ama, guarda mi palabra, mi Padre le ama… y moraremos en él”. Respondes a tu amigo: “ama y trata de escuchar su palabra”.
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Miguel.