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“No juzguéis y no seréis juzgados”. Justo sólo es Dios, y Jesucristo su Justicia. Estamos creados a su imagen y semejanza, llamados a ser justos, actuar con justicia, al modo de Jesús, con infinita misericordia y amor. Dios ofrece un camino de salvación, transformación vital para el pecador. Para el delincuente, nuestra sociedad actúa con justicia, responsabilizándole de sus actos, ayudándole a reintegrarse. Pero en muchos lugares del mundo la justicia es injusta, faltan garantías y derechos humanos que respeten las personas, muchos cumplen condenas siendo inocentes. María, Madre de un injustamente ajusticiado, ¡consuela a las víctimas de la justicia!.
Miguel.
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