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Miguel.
No basta con profetizar o hacer milagritos, hay que poner en práctica las palabras de Jesús, palabras de amor y salvación para el ser humano. No todos los que dicen predicar y obrar en nombre de Jesús lo hacen para mostrarnos al Padre, tal como él lo hacía. Muchos sacan beneficio, engañando, enriqueciéndose, anulando por completo al ser humano, robándoles su libertad. Es necesario cimentar bien nuestra fe en el mismo Cristo, así nadie podrá derribarnos. Desgraciadamente son muchos quienes caen en sectas y no pueden salir. Pedimos el socorro de María, y ayuda para que puedan conocer la Verdad.
Si pensásemos un evangelio para expresar un grito de socorro seguramente recurriríamos al de hoy: los discípulos se hunden bajo la tempestad y piden auxilio. Ponemos este día en manos de María tantísimos como cada año mueren o son víctimas de desastres naturales, huracanes, terremotos, tsunamis, inundaciones, fuegos, sequías… Últimamente nos hemos concienciado de nuestra responsabilidad ante la naturaleza, el pecado ecológico resuena con fuerza, y desgraciadamente las consecuencias siempre recaen sobre los últimos de la tierra. Una muestra más del desequilibrio en el uso de los recursos del planeta. Desentenderse de quienes lo sufren, también es muestra de cobardía.
¿Qué actitud tomar ante la limosna, oración y ayuno? No se trata de ganar puntos cara a Dios, los hombres, o uno mismo. Son modos de encontrarnos con Dios, los demás y nosotros mismos, no siendo lícito convertirlos en excusa para el desencuentro y enfrentamiento. Si tu acción solidaria y caritativa con el pobre, lleva recriminación y prepotencia, deja de ser motivo para el encuentro. Si tu oración, es más palabrería y parafernalia que oración silenciosa y callada, será cánticos de sirenas. Si tu ayuno es mostrar tu capacidad de sacrificio, no hace más que engordarte hasta reventar de orgullo.
VIP, JASP, son siglas con las que los jóvenes nos creíamos todopoderosos, capaces de alcanzar la gloria. Cuando escucho de Jesús “sed perfectos”, ratifico que esos sueños y delirios de grandeza son posibles, no de cualquier modo, sino “como nuestro Padre es perfecto”. No es cuestión de creernos superiores, pues Dios nos iguala bajo su cielo, enviando lluvia sobre todos por más que queramos apropiarnos de las nubes egoístamente. Ser "tios grandes” no significa hacer grandes obras de ingeniería, sino hacer cosas grandes como amar a los enemigos, y orar por quienes nos odien. Esos son los VIPs de Dios.
Eran las doce en punto del gozo en que la gloria
Hoy sí celebramos el Corpus Christi, en mi pueblo “El Día del Señor”: día de altares, de cantos, de olores, de arte, de trabajo conjunto, de comunidad reunida. Día del “Amor de los amores”, de la Caridad, del compartir, de fraternidad, de solidaridad. Día para recordar que Jesús sigue reuniéndonos entorno a él, presente en un trozo de pan y un poco de vino. Un Amor que se hace alimento para que nos hagamos amor y alimento para los demás: “Haced esto en memoria mía”, es partirse y repartirse, es entregarse y darse. Corpus, es hacernos Cuerpo en cada Eucaristía.
Recuerdo cuando de pequeños poníamos nuestras manos detrás de la espalda cruzando los dedos, para que lo jurado no se cumpliese jamás. Éramos inocentes y creíamos que podíamos burlar a la verdad y disfrazar nuestra mentira. Pero “se pilla antes a un embustero que a un cojo”. No extraña que Jesús se oponga a los juramentos, en los cuales se ponen a los demás, amigos, familiares, o al mismo Dios como garantía de nuestra honestidad y sinceridad. Hemos de hacernos creíbles por nosotros mismos, con nuestro “sí” o “no”, sin jugar con la credibilidad de los demás en beneficio propio.
Vivimos tiempos en los que la conciencia de pecado ha desaparecido de nuestra sociedad. El mundo va fatal, “las gentes” son “malas malísimas”, egoístas, insolidarias, hay hambre, guerras, abusos, asesinatos, corrupciones… pero eso no va conmigo, pues “yo ni robo, ni mato”. Y es verdad, pero esa es la Ley y Jesús nos recuerda que donde las leyes se juegan son en las cosas pequeñas, en los detalles de cada día, con nuestros gestos, actitudes, chascarrillos, burlas u omisiones también estamos dando muerte y apropiándonos lo ajeno. Reconocer el pecado en el mundo, pasa por reconocerlo en uno mismo primero.
La Santísima Trinidad, es día para hablar de La Comunidad, pero no la Europea que hoy reparte su poder entre eurodiputados con el fin de gobernarnos, a quines deseo que reciban la inspiración divina para hacerlo correctamente. Dios se manifiesta como Comunidad: Padre que tiene un gran programa de salvación y amor para su pueblo; realizado por medio del Hijo, Jesucristo quien sirviendo, se entregó amando hasta el extremo; en el Espíritu de amor y verdad, Espíritu que no nos hace súbditos ni esclavos, sino llamar a Dios “Abbâ” (Padre), haciéndonos “hijos en el Hijo” incorporándonos a la vida divina.
No me gusta discutir por discutir, aunque reconozco que cuando se dialoga con razones de peso, me encanta entrar en discusión. Hoy Jesús hace una deducción lógica, ágil, rápida y fresca dejando a quienes creían saberlo todo sobre leyes y escrituras sin argumentos sobre la identidad del Mesías. Para hacer tal cosa él tuvo que conocer bien las escrituras y filosofía de su tiempo. Hoy algunos se creen como los escribas del evangelio, pero les faltan argumentos para poder dar razón de su esperanza, perdiendo credibilidad por ello. Otros como Jesús, nos permiten seguir “disfrutando escuchándolo” por su gran inteligencia.
Los saduceos, aún no creyendo en la resurrección, preguntaron a Jesús por ella, no por verdadero interés, sino para pillarlo en algún renuncio. Se equivocaron, como se equivocan nuestros políticos en estas elecciones, cuando quieren aprovecharse de cualquier noticia de Iglesia, para distraer la atención y sacar tajada electoral. Pena que los cristianos no siempre estamos a la altura como estuvo Jesús, y les entramos al trapo. Frente a campañas poco fructíferas, al otro lado del charco, el presidente de El Salvador, juró su cargo prometiendo un gobierno de opción preferencial por los pobres. Esperemos no sea otra estrategia política.
Es posible que en medio de tanta sinvergonzonería, falta de respeto por la vida, corrupciones por doquier y demás sinsentidos, caigamos en el pesimismo y la desesperanza. Hoy en la fiesta del Espíritu, en Pentecostés, se nos recuerda que Dios sigue estando presente en nuestra sociedad, en nuestro mundo. Sigue soplando y alentando por medio de cada hombre y mujer de Dios, que hacen posible que “cada uno oigamos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua”. El Espíritu de la verdad inunda el mundo en cada gesto de amor sincero y desinteresado, en tu propia realidad acogida.
“Señor enséñanos a orar”, es la petición que hoy me brota del corazón después de escuchar esta bella oración de Jesús por los suyos. Oramos por quienes Tú has puesto en nuestra vida, en nuestro camino. Te pedimos por quienes se encomiendan a nuestra oración, quines necesitan de tus fuerzas, o simplemente quisieran creer en Ti. Tú nos has hecho hermanos por medio del Hijo, y por tanto responsables los unos de los otros, incluso de quienes discrepan o nos persiguen por nuestra fe. “Conságralos a la verdad”, ¡conságranos a tu palabra, que es verdad!... y que escuchemos tu voz.
Jesús parece jugar al escondite con sus discípulos. Lógico que no comprendiesen ni descubrieran donde estaba el truco. Hoy muchos cristianos experimentan algo parecido: “ahora lo vemos, ahora dejamos de verlo”. Cuando todo va bien y la vida nos sonríe, entonces Dios está con nosotros; cuando las cosas se tuercen, preguntamos como el salmista “¿Dónde está tu Dios?”. También frecuentemente, con los jóvenes pasamos del gustirrinín y subidón espiritual del último encuentro, a la mayor de las sequedades y ausencias de Dios. El “truco” nos lo revela al final: “me volveréis a ver, y vuestras tristezas se convertirán en alegría”.
Ayer me entristeció y llenó de temor ver el video de la muerte del joven madrileño en el metro de Madrid aquel noviembre de 2007. ¿Por qué calentar las masas y suscitar nuevos odios entre grupos radicalmente opuestos, e igualmente radicales? ¿Quién se responsabilizará de las consecuencias que estas imágenes puedan volver a provocar? Jesús nos dejó la paz, su paz, pero la sociedad se empeña en vivir sin ella. En nombre de no se qué libertades y derechos de no se quién, publican cualquier información que produce violencia. ¡Jesús, danos tu paz!, pero no como la da el mundo.
“En verdad es justo y necesario darte gracias, Señor”, decimos en cada Eucaristía. Dicen que “de bien nacidos, es ser agradecidos”. Hoy es día para dar gracias. Por haber alcanzado los 100 post publicados, por las 10000 palabras compartidas, las 100 imágenes sugeridas, las 4000 visitas recibidas, las incontables oraciones compartidas. Gracias a 44 países que os asomáis a la Palabra por ésta ventana, especialmente España, Portugal, EEUU, Perú, Méjico, Colombia, Argentina… Gracias a los “oyentes de la palabra” que buscando citas bíblicas os encontráis con esta casa y a los amigos que venís buscando mi compartir cada mañana. ¡Gracias!
Dios puede parecer exigente, duro. Pide frutos, y en abundancia, para ser discípulos suyos. Él no nos quiere secos, decaídos, tristes, aburridos, medio muertos. Nos sueña frescos, erguidos, alegres, vivos. Es costoso, pero Dios no nos pide imposibles, recordándonos sin tapujos “sin mí no podéis hacer nada”. Ésta ha sido la gran tentación del hombre desde que el mundo es mundo, vivir al margen de Dios, creerse otro dios capaz de alcanzarlo todo, obviar que es un ser necesitado de salvación, que por sí solo no puede alcanzarla. Así entró el pecado en el mundo, y el árbol se secó.
“¿Cómo se piden las cosas, niño?”, nos decían de pequeños cuando no usábamos el “por favor” para dar impresión de buena educación. Crecimos, pero seguimos sin saber pedir, probablemente porque aún no aprendimos a darnos. Esto requiere tiempo, no para el conocimiento, sino para descubrir las respuestas que ya nos dieron. “Tanto tiempo con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?”. Jesús sigue mostrándose tal cual es, como es el Padre, como Amor, y seguimos preguntándonos por el ser y existencia de Dios. “Creed por las obras”, la belleza, la solidaridad, el arte que proclaman el Amor, la existencia de Dios.
Hasta el cielo se parece al mundo de los pobres. Nada de pisos “superlujosos”, ni mansiones con 100 m2 por persona. Dios no tiene problemas de overbooking, ni plazas limitadas, ni capacidad del local restringida. En el ámbito de Dios cabe el hacinamiento, las sobreelevadas tasas de densidad de población: hay sitio para todos. Pero no todos quieren vivir en estas condiciones, los hay quienes prefieren vivir en el individualismo, el egoísmo, sin tener contacto, sin contagios, encerrados en sí mismos, en su mundo. Quienes eligen a Dios, ya saben el camino, la verdad y la vida que les espera.
Corren días en que todos reclamamos derechos por lo que decimos, hacemos o creamos. Te denunciarán si usas una frase dicha por otro (aunque sea en el facebook), copias un cuadro, fotocopias un libro, y hasta cárcel si grabas y escuchas un CD que no has compuesto tú. Todos exigen “derechos de autor”, cuando el creador de todo, de la vida es Dios. Jesús siempre apunta al Padre, sus palabras no le pertenecen, incluso quien cree en él, dice que en verdad cree en quien le envió. Su autoría está firmada en forma de salvación, de su obra disfrutamos todos.